Ión de Eurípides

Ίων (Ευριπίδη)

Apolo se enamoró de Creusa, hija de Erecteo, el legendario rey de Atenas. Como consecuencia está dio a luz a un hijo al que abandonó recién nacido en las rocas a la falda de la Acrópolis. Pero el dios Hermes, compadecido del niño, lo tomó en sus brazos y lo llevó cerca de Apolo, al santuario de Delfos. Allí el muchacho será adoptado por la profetisa de Apolo, la Pitia, quien to criará, lo alimentará y lo educará como si fuera su madre. lón, que así será llamado después, el joven crecerá en Delfos y pasará a ser administrador del templo de Apolo.

A su vez, Creusa casó con Juto, aliado de los atenienses. El matrimonio no tiene hijos. Deciden pues, acudir a Delfos y consultar el oráculo de Apolo. Allí sucederá toda una serie de peripecias; lón y Creusa conocerán sus verdaderas identidades y madre e hijo se fundirán en un abrazo ante un Juto atónito y perplejo al que la diosa Atenea dará una explicación sincera y un mensaje de esperanza, que hará extensivo a todos los participantes de la obra.

Bajo su aparente fama de melodrama, lón encierra una enorme dosis de tensión, de suspense y de intriga. La acción toma giros insospechados, cambia de forma imprevista y llega a sorprender a los propios protagonistas de la acción dramática.

Tragedia menor, sin conflicto importante pero -no lo olvidemos- con una alta y sostenida tensión, es sin embargo una pieza completa; divinidades, sirvientas, jóvenes, mujeres dolientes, mensajeros, personajes exóticos y misteriosos componen un mosaico variado y cohesionado de gran belleza plástica. El coro, formado por mujeres de Atenas, compañeras de Creusa, se implica en la acción y contribuye a realzar todavía más si cabe, la belleza del incomparable marco en el que transcurre la acción: el santuario de Apolo en Delfos.


Puesta en escena

Para cualquiera que lo intente llevar a escena lón es un auténtico reto. Además de ser la tragedia con mayor número de elementos integrantes del "atrezzo", obliga a localizar la acción en un punto absolutamente concreto: el santuario de Delfos.

Ante la imposibilidad de realizar una reconstrucción del templo de Apolo hemos puesto todo nuestro empeño sin embargo en que una serie de elementos del propio santuario y de toda la liturgia délfica aparezcan visibles a los ojos del espectador.

Así, el espacio escénico quedará configurado como un triángulo en cuyos vértices aparecerán el trípode de la Pitia -vértice central-, el "omfalós" que será aquí el altar de Apolo -vértice izquierdo- y la columna jónica, alusión inequívoca a la historia que se representa y tributo a la presencia de Atenea no sólo en la obra 'sino también en el propio complejo délfico. El laurel y otros elementos que pueden evocar y sugerir la presencia de Apolo -el arco y las flechas-, están también presentes.

En ese escenario veremos moverse a los actores y al coro.

Personajes divinos -Hermes y Atenea- alternan con personajes humanos; unos un tanto extraños -Pitia-; otros perfectamente definidos -sirvientas, mensajeros-; otros de contornos menos precisos pero en cualquier caso fascinantes y atractivos; así lón, Creusa y Juto, el triángulo central de la pieza.

Para ellos se ha diseñado un vestuario sencillo, inspirado en los datos de la iconografía griega -cerámica y escultura básicamente-. A simple vista el espectador podrá distinguir a los miembros de la realeza de otros personajes de extracción más modesta. Los propios colores han sido planeados en conjunto, pero no de forma arbitraria o caprichosa. Así, la gama dorada se ha reservado para quienes viven más cerca de Apolo, más instalados en el santuario. Los sirvientes aparecen vestidos en tonos oscuros. Creusa utiliza unos tonos malva más distinguidos. Juto lleva también colores oscuros y un atrezzo acorde a su rango. Los personajes divinos, Hermes y Atenea, se han configurado conforme a la iconografía tradicional: caduceo y sandalias aladas para el primero; casco y lanza para la segunda.

Pero no son sólo los personajes quienes se mueven por el escenario. Con ellos está también el coro, compuesto por doce sirvientes de Creusa con su corifeo al frente. Para ellas se ha buscado un tono verde-grisaceo al modo de los olivos milenarios del valle de Crisa a los pies de Delfos. Su presencia tiene un doble significado: subraya y acompaña los momentos más importantes de la acción dramática y al mismo tiempo crea un impacto estético en el espectador. Apolo y Atenea, Creusa y Erecteo están presentes a lo largo de la obra. Nos hemos esforzado por que con sus evoluciones, sus posiciones y sus actitudes trasladen al público al templo de Apolo y al mismísimo Erecteion.

Los pasajes cantados se han reforzado con música griega de los compositores Manos Hatzidakis y Y. Markopoulos. Esto ayudará a que afloren las emociones innegables que encierra la obra.

Como se ve, pues, todo un trabajo de investigación y de coordinación de iconografía y música para ayudar a percibir el mensaje de Eurípides. Un canto a lo que Apolo y Atenea significan, a lo que Delfos y Atenas suponen para un espíritu cultivado que se interesa por la creación literaria y la poesía. Bajo el aspecto de un cuento infantil se encierra un auténtico homenaje al arte y a la literatura de los griegos, que es tanto como decir un auténtico homenaje a nuestro clásicos de siempre.