Helena de Eurípides

Ελένη (Ευριπίδης)

Por extraño que parezca la obra de Eurípides ha sido poco traducida y poco representada en España.

Así como existen múltiples versiones y representaciones de las Troyanas, de esta Helena que no está incardinada en la saga troyana al modo tradicional hay muy pocas noticias. Asunto distinto es que la figura de Helena haya despertado el interés de literatos y pintores. La lista es interminable y desborda el marco de esta introducción. No se trata de eso. De esta Helena euripídea hay poco que hablar en nuestro país.

Echando una ojeada a las producciones del Festival de Mérida que acaba de cumplir cincuenta años y que es el mejor termómetro para medir las representaciones de teatro grecolatino del sector profesional, se observa que Helena solo figura una vez en la programación a finales de la década de los 90, bajo el título de la Bella Helena, José Carlos Plaza -en su línea- margina a Eurípides y da rienda suelta a un buen puñado de extravagancias.

Por su parte el Festival de Teatro Juvenil Grecolatino no ha incluido nunca este título po lo que una vez más SELENE no sólo representa sino que estrena. Lo hizo con Ión (2000), Andrómana (1996) y Los Persas (1994); lo hizo HELIOS, su hermano mayor, con La Samia (2000) y Edipo en Colono (2002) y lo vuelve a hacer con esta obra tan desconcertante como bella que sin duda hará las delicias de los espectadores.

 


Argumento

Helena nunca estuvo en Troya; nunca fue raptada por Paris. Los griegos lucharon por una sombra, por un fantasma, por una Helena postiza que la diosa Hera había fabricado con aire celeste. La verdadera fue llevada por Hermes hasta Egipto precisamente para quedar a salvo de todos esos funestos avatares.

Allí la encontramos al comienza de la obra. La propia Helena explica al publico todos esos pormenores hasta que aparece a escena Teucro, el hermano de Ayax, camino de Chipre, acabada ya la guerra, quien le suministra unas primeras informaciones sobre el desarrollo de la contienda y el destino de los diversos héroes griegos. Menelao vive.

Y poco tarda el espectador en comprenderlo. Como naufrago irrumpo éste en escena. Navegaba con Helena - la postiza- en su barco junto con un puñado de marineros pero la nave ha naufragado. Menelao no sabe dónde está. Se encuentra con Helena -la de verdaz- con gran sorpresa y confusión. Tras varios equívocos los dos esposos se reconocen y a partir de ese momento urden un plan para escapar. Teoclímeno, el rey de Egipto, acosa a Helena pues desea casarse con ella.

Tras suplicarle a su hermana Teonóe, profetisa que no puede ser engañada, que colabore con ellos a costa de frustrar la boda de su hermano y lograr su respuesta positiva, simulan la muerte de Menelao y organizan unos supuestos funerales en el mar. Es la treata de la que se sirven para burlar al rey egipcio y huir. Cuando Teoclímeno intenta reaccionar con violencia al verse engañado es ya demasiado tarde. Los Dioscuros, hermanos gemelos de Helena aparecen como dioses ex-machinapara explicar a cada personaje por qué su situación es la que es y para adelantarles su futuro.


Puesta en escena

No es fácil llevar a escena varias de las obras eurípedas. Esta es una de ellas. La presencia de personajes griegos y no griegos o bárbaros, el desarrollo de la acción fuera de Grecia -en Egipto- y la sucesión de entradas y salidas de los personajes complican el montaje. Igualmente favorece poco el largo período de mutismo del coro, casi más de ochocientos versos.

En Selene hemos seguido fieles a nuestros principios; preferir la simbología a la escenografía propiamente dicha y buscar esas imágenes a partir del propio texto. En ese sentido el vestuario traza una divisoria clara entre quienes son personajes humanos de rango corriente y los que no lo son -Teonoe y los Dioscuros-. Y dentro de los primeros de distingue a simple vista los griegos de los bárbaros. No se pierde de vista sin embargo que tanto Helena como las mujeres del coro llevan ya bastante tiempo en Egipto.

Hay que dar a ver mediante el atrezzo y el vestuario que son griegas que están en Egipto. Se parte de hechuras griegas que se completan con

tocados y aderezos de corte más oriental. A su vez Menelao debe caracterizarse como un náufrago harapiento primero y como guerrero después. El mismo cambio de ropajes conviene a Helena que lucirá vestido negro en el segundo tramo de la obra para poder hacer verosímil su engañosa estratagema. 

La tumba de Proteo, realizada por Tragacanto  La tumba de Proteo, realizada por Tragacanto

La tumba de Proteo es un punto de referencia obligada en un buen número de escenas, por lo que su presencia debe ser debidamente subrayada.

Si se lee con atención el texto se verá que las componentes del coro hablan de las riveras del Nilo y de sus peplos púrpura, para ser más exactos rojizos-púrpura. Así se han reflejado en la escena.

Por Último, dos imágenes visuales dominan la obra; el espejo, donde se encuentran la imagen real y la ficticia calcada sin embargo, de la primera, donde convergen ser y parecer. De otro la barca, la nave que posibilita el engaño.

El mar es en Helena el espacio del engaño, el marco en el que se gesta la libertad definitiva de los amantes. El espejo y la nave, pues, símbolos que resumen en clave visual los entresijos del melodrama.


El Mensaje

¿Qué pretende Eurípides con esta extraña Helena?

¿Simplemente entretenernos con una sucesión de insospechadas peripecias? ¿Demostrarnos su habilidad a la hora de elaborar tramas y componer escenas? ¿Sorprendernos con la aparición de personajes exóticos - Teonoe, Teoclímeno- En lugares exóticos -las orillas del Nilo?

Una primera lectura de la obra puede llevarnos fácilmente a esas conclusiones. No hay ningún mensaje, ninguna profundidad, ningún contenido. Se trata tan sólo de entretener al público.

Nada más lejos de la realidad, pensamos. La trama que se teje tiene como transfondo uno de los temas favoritos del pacifista Eurípides; la Guerra de Troya.

Capaz de abordarlo - Hécuba, Troyanas - desde el punto de vista de los vecinos, Eurípides aprovecha Helena para deslizar una idea que repiten de forma más o menos retirada el coroMenelao y la propia Helena; no hay ningún provecho para nadie en los enfrentamientos armados. Todas las guerras son absurdas. Sus miserias son muy inferiores a los goces que pueda proporcionar la victoria. Esta es una premisa básica del ideario eurípedo - no olvidemos que una parte importante de su vida coincide con las Guerras del Peloponeso-.

De otro lado, Eurípides se complace de forma especial en los personajes femeninos. Decide ahora adentrarse en el alma de la mujer más polémica de la Grecia antigua, denostada por unos, ensalzada por otros, piropeada e insultada a un tiempo. ¿Qué podía pensar Helena de todo esto? Una mujer hermosa en el núcleo de un conflicto horrendo.

Acude Eurípides a la rama de la leyenda esbozada por Heródoto, especialmente por Estesícoro para afirmar que Helena nunca estuvo en Troya. Hermes la llevó a Egipto. Los griegos no veían más que un fantasma. Y por él lucharon. Realidades y pretextos, ser y parecer, el eterno problema que plantearon algunos filósofos presocráticos vuelve a plantearse aquí con crudeza. Y el que sea Helena que es quien lo sufre en sus carnes la que debe reflexionar sobre él, le confiere a la obra una hondura importante. Sólo desde el cinismo pueden conjugarse realidad y fantasía, causa y pretexto. Toda la obra es un puro ejercicio de cinismo que alcanza su cúlmen al engañar ambos esposos a Teoclímeno abusando de su ingenuidad y de su ignorante rudeza.

Una Mujer hermosa es capaz de hacer perder la cabeza a un hombre sí, pero también a todo el pueblo. Menelao claudica. Le vence la belleza de su esposa. Intentaba matarla al caer Troya, pero al verla se deshace y se derrite. La perdona. Hablemos de la Helena "verdadera", hablemos de la Helena "Postiza", para Menelao sólo existe una; la mujer hermosa, atractiva, intrigante de apariencia ingénua y reacciones en apariencias primarias que para un hombre sin demasiada personalidad resulta irresistible.

Así pues, la guerra y sus miserias, la belleza, el sexo y el amor, la realidad y la apariencia laten bajo el exótico plumaje de esta tragedia que resulta ser más bien un melodrama. Temas de hoy -ser y parecer- belleza, amor y sexo - guerras y víctimas- en la pluma de un formidable escritor de la Grecia Antigua. Nadie podrá decir queHelena no sea actual o está pasada de moda.